LO QUE MOVÍA MI SER

LO QUE MOVÍA MI SER

     Una vida normalmente puede ser construida lenta y sistemáticamente con ladrillos de bien y buena fe sin que su predecible solidez espiritual, garantice perennemente una respuesta de esas que llamamos justas y merecidas. Visto desde otra perspectiva menos racional y más oriental, podría utilizar uno de los soportes estructurales del budismo, como la causa y efecto para estimar lo que debería haber resultado de mi existencia, por un transitar siempre atento a no dañar y a explorar opciones que generasen soluciones de esas que la sociedad le gusta llamar “correctas ”. Con tales referencias era de esperarse que mi vida estuviese abarrotada de dulces y hermosos motivos para siempre sonreír y agradecer todo lo que me tocase vivir.

La verdad es que no siempre ha sido tan evidente el resultado de esa ecuación, especialmente cuando por un descuido de la causa y efecto de la vida, del destino, de Dios o de quién lo quieran llamar, se me arrebató casi todo lo que había vivido, lo que había luchado, inclusive lo que había soñado. Por lo menos, así lo sentí cuando mi médico fisiatra me dijo (en una junta familiar) a pocos días de haber despertado de coma de más de veinte días “Guillermo ¿Estás claro que no vas a volver a caminar? ¿No es así?.”Luego de tan sanguinaria interrogante sobre mi consciencia del nada despreciable peso que debería cargar a partir de su diagnóstico ¿Qué podía hacer? ¿Qué debí responder?

Palabras más, palabras menos le dije que él no era quien para quitarme la esperanza. En ese momento no medí la trascendencia de mi irreverencia, cosa que puedo hacer hoy en día con total propiedad y con la fortaleza de mi propia experiencia.  

     La vuelta a la vida

Los oscuros días pasaron y las eternas noches terminaron para abrir lentamente la luz a nuevos y radiantes horizontes. No sin antes entender que ya había muerto. El cuerpo de ese hombre recogido del asfalto, cuarenta y dos días antes no existía.

Lo que comenzaba tímidamente a resplandecer era otro hombre en busca de un nuevo y verdadero sentido a su vida.

Mi lógico sufrimiento no siempre tuvo días de cordura. Recuerdo claramente cuando mi médico intensivista me dijo que me encontraba bajo fuertes antidepresivos, a lo que le pregunté

“¿Por qué Pablo?” Respondiéndome él con una increíble naturalidad,

“Ese es el protocolo, pronto vas a sufrir de episodios de suicidio ”

No lo podía creer, no entendía si lo que movía a mi ser, era mi incontenible sed por vivir. Dudé , sufrí, lloré mucho, mucho más profundo de lo que mis lagrimas permitían ver. Sabía que por consecuencias lógicas a mis lesiones, debía haber fallecido varias veces y estaba ahí, eufórico, confundido, desconcertado, sin saber si esa alegría por vivir era mía o de los medicamentos. Muy pronto fue constatado que era yo, quien luchaba optimistamente por recuperar. 

En el camino puedo decir con total propiedad y satisfacción que nunca me pregunté ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? La culpa en mi caso, nunca fue un elemento a vencer o más exactamente, a entender.  Lo que si debo confesar, es que me inundaban hasta ahogarme, las interrogantes de cómo vivir de esa manera, de cómo lograr una vida activa y dinámica, que fuese tan abierta como la había profesado en mis días de tanto caminar. Más aún, me angustiaba sin cesar el saber que me tocaba acompañar, el crecimiento de mis pequeños hijos en esa inesperada condición. 

     Con la distancia del tiempo

Lo que no pude entender en ese momento era que mi existencia estaba creciendo aceleradamente en la medida que mi accidente automovilístico (la situación límite más importante y devastadora de mi vida) me obligaba en su coqueteo con mi muerte a desprenderme de mí mismo para comprender la nueva manera en la que mis acciones u omisiones, impactaban a mis seres queridos, a mi entorno inmediato y lo que era aún más sorpresivo para mí, la forma en la que podía  afectar positivamente a personas ubicadas a cualquier distancia de mí.

 Paulatinamente fui avanzando y aferrándome a mi fortaleza más saludable de esos tiempos y de todos mis tiempos, mi dimensión espiritual.

Sin poder definir claramente un principio o un final, un botón de encendido o una línea de partida donde mi triada trágica comenzara a iluminar mi campo visual existencial, puedo ser suficientemente objetivo y atrevido para acotar que solo dos factores (el sufrimiento y la muerte) fueron los que activaron y siguen alimentando a mis valores de actitud en mi camino a construir mi propio destino, a través de lo que siento como el sentido de mi vida…

Vivir situaciones muy complejas, normalmente inéditas para la mayoría de las personas, que pueda entender y traducir en múltiples maneras comunicativas, para ser compartidas con todas las personas posibles.

Alimentando mi persona con la firme convicción y satisfacción de que lo que haga es para compartir y ayudar a otros a volver aún más significativas sus propias vidas. 

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Avatar

    EXCELENTE!!! Eres único Guillermo, el Mejor de los Guerreros. Ejemplo a seguir.

    1. @gsmetas

      Siempre conectados y avanzando…Hermano

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