LAS DISTANCIAS SE ACORTAN

LAS DISTANCIAS SE ACORTAN

Un enunciado como el que precede a estas primeras líneas probablemente traslade al lector a temas relacionados con los medios de transporte y de comunicación de cualquier sociedad, no obstante su intención primordial es servir como antesala para invitar a reflexionar sobre los miles de kilómetros dispersos por todo el planeta que han sido reducidos a cero como resultado de la empatía y la solidaridad, esparcidas como nunca antes en la historia de la humanidad; consecuencia clara del desconcierto global causado por el COVID 19.

Sin duda alguna, son tiempos de crear algo diferente en nuestras mentes…

Mayor velocidad

Por más conocida que sea, no deja de asombrar la ilimitada capacidad del ser humano para lograr lo que cree y quiere, ejemplos de esos, llueven diariamente. Sin embargo, cuando hablamos de los medios de comunicación y transporte (acotados nuevamente para aprovechar la posible confusión inicial) incuestionablemente podemos afirmar que han sido dos de los principales artífices de la inmensurable habilidad de la mente de todo ser vivo que pueda soñar y crear. En el presente, nos movemos de un lugar a otro de una manera difícilmente pensada por nuestros abuelos. Similar realidad, comparte la forma de comunicarnos hoy en día. Ambos aspectos tan cotidianos en nuestras vidas, exceden por mucho a la ficción de los más osados concebida poco tiempo atrás.

¿De qué trecho hablamos?

Sin entrar en profundos análisis, científicos o filosóficos vamos a valernos de una sólida institución como la Real Academia Española RAE para definir lo que nos proponemos explorar.

Distancia: espacio o intervalo de lugar o tiempo que media entre dos cosas o sucesos.

Diccionario de la lengua española. Real Academia Española

Siendo “trecho ” un sinónimo válido para “distancia” podríamos inferir que comparten significados cercanos uno del otro, lo que permitiría preguntarnos ¿Qué distancia puede haber reducido el COVID 19 en nuestras vidas? Si un instrumento elemental que la raza humana ha utilizado para combatir –completamente desorientada– a este letal microorganismo ha sido el distanciamiento social. Dudosamente podríamos hablar de algo que se haya acercado en nuestras vidas durante estos tiempos de pandemia, salvo algunas emociones nada bienvenidas como la incertidumbre, la ansiedad y claro que sí, él nunca agradable, temor.

Distanciamiento físico versus distanciamiento social

Aquí es donde entran en juego todos los aspectos arriba enunciados y razonados. En la relación entre lo tangible y lo intangible, entre lo imperante y lo trascendente, en todo eso que nos permite pasar de ser gente a ser personas. Alejándonos de la estadística y de cualquier otro tipo de cifra que pueda dificultar nuestra aproximación a lo individual, como única fuente que concede la oportunidad a nuestra mente para pasar de maravillosos pensamientos o hermosos sentimientos a algo que se multiplique y crezca mucho más rápido que cualquier otro suceso conocido. Partiendo de esa ilimitada capacidad individual de las personas para crear lo que hace falta, lo que eleva o lo que ni siquiera aún se pueda imaginar; individuos de todo el planeta simplemente dejaron y dejan libre su originalidad para manifestar su empatía con el mundo, su solidaridad con quien la requiera y su firme intención de hacer este lugar, nuestro hogar, un sitio aún mejor.

La empatía une y la solidaridad responde

No hay duda que todo lo grande ha sido alcanzado por el trabajo y la convicción de muchos, colaborando unos con otros por un ideal o un fin común, así se mueve nuestro mundo; este lugar que llamamos Tierra y que somos –la raza humana– solo un participante más del indispensable e indiscutible equilibrio que la sostiene con vida.

Mucho se requiere para alcanzar estos logros individuales o colectivos pero independientemente de lo que se necesite en cada caso, hay un requisito que siempre es exigido; la habilidad para identificarse con los sentimientos, las ideas o experiencias de otros, dicho de otra manera… empatía pura. La misma que el bacilo del COVID 19 se encargó de diseminar por todo el planeta a una velocidad jamás vista y con una contundencia nunca antes experimentada por el hombre.

La realidad es que, las personas al sentir emociones similares como la incertidumbre, el miedo o la impaciencia sin distinguir en cargos políticos, resultados deportivos, climas o cualquier otro elemento que hasta el año 2.020 sirviese para etiquetarnos, empezamos a notar como ya no es tan diferente ese albañil de Finlandia o ese agricultor Haní que cosecha (muy preocupado) sobre su bancal de arroz.

Nos hemos acercado existencialmente. Ha resurgido la raza humana por sobre las naciones y las corporaciones. Nos ha unido el mismo sentimiento y un similar desconcierto, juntos han logrado de todo esto, un acontecimiento común que no respeta fronteras o lo voluminosas que puedan estar las carteras.

A todos nos ha atacado por igual al respirar, al estornudar o al hablar. Hábitos esenciales, cotidianos y muy delicados en la actualidad.

Al percibir emociones tan afines, se han creado respuestas que parten desde lo interno para ayudar a mitigar todo ese dolor y preocupación que vuela a lo largo de todo el planeta. Se ha fortalecido el verdadero significado de la solidaridad como instrumento esencial para todo crecimiento auténticamente duradero.

Una vez logrado el consenso

Es completamente humano asociar este período de la historia que se inicia a comienzos del año 2.020 con alguna exclamación de dolor, de cansancio o de resignación, sin embargo esta y cualquier otra situación de carácter local o global tiene el potencial para generar balances positivos, por supuesto para lograrlo (y ser consciente de ello) es imprescindible abrir a todo lo que de, nuestra mente. En ese ámbito de ideas, algo positivo de lo que podría vanagloriarse este trascendental año, es que millones de voluntades están sintiendo y viviendo realidades similares; claro está, se cimientan sobre contextos muy distantes unos de otros, con diferencias que resaltan más crudamente que siempre, las desigualdades sociales, aunque en esencia estamos todos siendo impactados por la misma fuente de angustia.

Una frecuencia ha sido sintonizada por la gran mayoría a lo largo de todos los idiomas y culturas, ahora bien… Este estado de concordancia tiene que catapultar nuevos y mejores cambios que alejan a la humanidad de lo que nos trajo hasta acá.

Sería muy ingenuo pensar que como muchos sentimos lo mismo se reducirán consistentemente las brechas, las diferencias y las desigualdades, aunque probablemente no sea utópico analizarlo o soñarlo… ¿Por qué no? Líderes de todo tipo, han abierto sus ojos (existenciales) por su experiencia propia lo que los acredita perfectamente a ser parte trascendental de esto nuevo que tiene que pasar.

Desde luego, lo que lleve a cualquiera a esperar que todo vuelva a la “normalidad” congelará y en cierta manera se opondrá a lo bueno y novedoso que se pueda gestar.

Habría que preguntarse…

¿Soy parte de la solución o uno más que aporta a la complicación?

¡Asume una posición proactiva y nada pasiva en este proceso!

Es un gran privilegio vivir este período tan particular de la historia humanidad que tanto crecimiento (aún cuando haya a su alrededor mucho dolor y sufrimiento) puede abonar a todo aquel que se permita sentir, fluir e intuir hacia donde realmente, quiere ir.

La clave para lograr aportes positivos y trascendentes es vivir auténticamente, el presente

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