El camino al Farallón

El camino al Farallón

Las vidas que vivió el planeta para separar al Farallón Centinela, los 25 kilómetros que lo alejan de sus orígenes son infinitas, un número incontablemente superior a las nuestras para llegar a recorrerlo.

Nuestro camino al farallón estuvo signado por la constancia, la perseverancia y sobre todo, por la paciencia que ocupó gran parte de las emociones preparatorias para todas las acciones que nos llevarían a alcanzar un sueño compartido de varios. Un objetivo gestado con el firme propósito que fuese convertido en experiencias con herramientas para muchos.

Estamos hablando de bastante tiempo, de años, de personas, de economías que cambiaron y modificaron el ritmo de avance hacia un gran objetivo que una vez soñado, fue trazado sobre el versátil mesón que ocupa el centro de mi casa y convertido en un destino de impacto positivo. A pesar de su noble origen…

¿Qué factor puede ser el determinante para fortalecer la perseverancia en el tiempo?

Camino al farallón
Foto por @gsmetas

¿Para qué Farallón?

Básicamente porque creemos en el poder de las experiencias vividas como el mayor y más valioso legado para ser compartido.

Recorrer el Farallón no es nada fácil, es bastante atemorizante y requiere de estrictas medidas de seguridad que garanticen la integridad de los aventureros que osan el adentrarse en él. Estos componentes aunados a la condición física que repercute constantemente en mi vida para desplazarme, para estabilizarme y básicamente para relacionarme con todo lo que me rodea, generaban un seductor caldo de cultivo para que crecieran valiosas cepas de vida y energía que una vez integradas podían lograr resultados inéditos y maravillosos.

Foto por @martingoncalvesg

El camino al Farallón

Todo comenzó a finales del año 2016 en medio de una de las fabulosas conversaciones que llevábamos Kary Vivas y yo sobre cuales serían nuestras aventuras generadoras de experiencias en el año 2017.

Siempre buscamos movernos por los diferentes elementos de la naturaleza, el agua (sobre y dentro de ella), la tierra y el aire. Kary con su basta experiencia en fotografía submarina lo planteó y en seguida me conectó.

Recorrer el Farallón sería un gran desafío nunca antes realizado en el país bajo condiciones físicas similares a las mías, es decir, una meta sin precedentes tangibles que nos guiaran en una ruta de acciones. Todo sería en base a la creatividad, a la motivación y a la sintonización de intenciones de los amigos con los que nos aventuraríamos en esta desconocida inmersión.

Todo esto garantizaría un conglomerado de reflexiones, anécdotas y herramientas que pudiesen (una vez compartidas) llegar a las mentes de muchos para activar caminos hacia mejores destinos.

Planificado para ser realizado durante la última semana del mes de marzo del año 2017, debió ser postergado por la delicada e inaceptable situación social que afectó a Venezuela durante casi todo el año, generando un número inconcebible de pérdidas humanas por razones intolerables para cualquier mente racional y ligeramente comprometida con el respeto todos los individuos de una nación. El país se tambaleaba en un mar de incertidumbre que hoy en día más de una año después, ha crecido y se soporta en un fango baboso de delitos cometidos y mundialmente difundidos (casi a tiempo real) a través de las redes sociales. Crímenes no justamente investigados y resueltos. No con ánimos de compensar el irreparable daño causado, pero si para demostrar pequeños gestos de responsabilidad y entereza.

Un poco más adelante, las cosas comenzaron a calmarse sin haberse solucionado, dejando enormes baches colectivos que alimentaron una incertidumbre y una desolación que desafía las mejores fuentes de motivación.

Cuando comenzamos de nuevo a hablar de retomar el proyecto. Nuestro líder técnico Calique, debió salir del país a vivir al otro lado del planeta literalmente. Un poco antes, Kary por razones personales de alejaba del proyecto que ella había hecho nacer. Pocos nos manteníamos a la espera de unas condiciones aceptables para concretar el proyecto en el que creíamos. Nuevos protagonistas comenzaron a sintonizarse con lo recorrido. El primero en incorporarse fue Julio Jerez, con su energía y su sorprendente talento con el lente (tanto fuera como dentro del mar) fue el vínculo con José Humberto Viloria experimentado buzo que ocuparía el rol de Calique dentro del equipo. Así se fue formando poco a poco la estructura técnica- emocional para emprender este fabuloso viaje alrededor del Farallón.

¿Cómo llegar?

Con un país luchando por opciones, viajar al Farallón se restringía a un par de soluciones. No es un destino que vaya cualquiera. Tiene que haber una minuciosa sincronización entre lo que pasa bajo el mar con los buzos y lo que hace la lancha de apoyo para resguardar la integridad de todos en medio de ese fuerte oleaje y a pocos metros de distancia del único obstáculo que pueda verse a decenas de kilómetros a la redonda. Embarcaciones fuera de uso por mantenimiento, carencia de repuestos o búsqueda de presupuesto, fueron parte del componente esencial que incidió en el avanzar para poder estar allá, en el Farallón Centinela.

Todo listo

Finalmente, luego de varios meses de postergar la fecha de la inmersión, de haber realizado y revisado numerosas veces las técnicas desarrolladas en las exploraciones para compensar mis condiciones físicas, ya teníamos fecha prevista para zarpar y salir a Recorrer el Farallón.

Sin embargo, las vueltas que da la vida nos daría otra llamada de atención para ser más cuidadosos con los procesos esenciales en nuestro día a día.
“Una fresca tarde Caraqueña, como las que abundan durante el mes de diciembre fue el momento perfecto para que compartiéramos reflexiones, anécdotas y herramientas con un interesante grupo de alumnos de la Universidad Católica Andrés Bello en el conversatorio “Más allá del deporte“… Sin acelerar el tiempo, sin ningún contratiempo que afectase al evento… nos encontrábamos resaltando durante el refrigerio ofrecido por las organizadoras, la fortuna y el valor de todo lo compartido pocos minutos antes en el Centro Cultural Guillermo Plaza.

La contagiante satisfacción mutó abruptamente a la más escalofriante preocupación por el accidente que sufrí en los sanitarios de la edificación. Instantes de gran conmoción, de mucha confusión que tiñeron de rojo el perfecto blanco de la sala sanitaria donde me encontraba. Al salir, rodé rápidamente hacia mi hermano de aventuras Gerhard Weil y lo alerté “Pana… me he hecho un terrible daño internamente. No estoy seguro de mi estado, por favor evalúame para que tomemos una decisión“
Independientemente de la razón… Si no le dediqué el tiempo adecuado a la acción que lo ameritaba ¿Habrá sido un accidente? o más bien… ¿Un innecesario y lamentable incidente?“

Un par de meses después, luego de tanto vivido, mucho sufrido y muchísimo más aprendido estábamos ahí… a 25 kilómetros de nuestra costa en una roca que se levanta solitaria en medio del mar. Profundizando en nuestras debilidades para juntos, integrando opciones y soluciones pudiésemos realizar una inmersión nunca antes hecha en el país bajo unas condiciones físicas similares a las mías con el solo objetivo de aprender, organizar y recolectar el mayor número de herramientas personales para ser entregadas y compartidas a todos.

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Foto por @martingoncalvesg
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Foto por @martingoncalvesg

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