Todavía con la conmoción y la confusión de las incontables drogas, de los fuertes vasopresores y de los innumerables antibióticos, estábamos en la terraza del Hospital Metropolitano del Norte en Valencia, toda mi familia y yo. Mi traqueostomo me impedía hablar con mi timbre de voz habitual. Hoy, tantos años después, poco o nada recuerdo ese día. Sin embargo, puedo sentir la emoción, la conmoción de todos los presentes… Al parecer había sobrevivido. Sin embargo, quedaba el iniciar ese camino lleno de incertidumbre, temores y muchas ganas de vivir. En la toma… Mi hermano Santiago quién fue uno de los pilares en los que pude apuntalar la fortaleza necesaria para poder levantarme a rodar la vida, con plenitud y agradecimiento.

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