Sin pensarlo tanto…

Sin pensarlo tanto…

La vida en repetidas ocasiones se encarga de colocar condiciones que elevan la tensión y la ansiedad a niveles muy difíciles de controlar, son instantes donde el tiempo no parece estar a nuestro favor… donde las reacciones aparecen sin pensarlo tanto

En algunos casos, es la oportunidad del momento la que se disipará. En otros, es lo delicado del instante lo que seguramente se complicará. En todo caso, son experiencias habituales, que llegan en los más inauditos formatos, tanto esperados como inesperados. Confrontan el autocontrol del individuo para desafiar su habilidad con la que tendrá que solucionar cualquier tipo de eventualidad.

¿Cómo evaluar el autocontrol?

 

[icon name=”certificate” class=”” unprefixed_class=””] Sin patrón de referencia

Las reacciones experimentadas ante situaciones extremas son de gran valor para ser honestamente analizadas, para exponerlas a todos nuestros criterios más íntimos sin perder la claridad de nuestra individualidad.

Algunas historias de vida podrán tener muchas similitudes, algunas formaciones familiares podrán manejar los mismos valores, quizás  los códigos culturales podrán tener las mis expectativas sociales. Sin embargo, en los momentos de conmoción, las reacciones aparecen sin pensarlo tanto. Dejando en claro que las respuestas serán absolutamente individuales. Con poco o ningún margen para la especulación sobre cual podría ser la reacción.

Al igual que la huella dactilar del ser humano es absolutamente única, la carga emocional e intelectual que ha ido almacenando la mente de cada individuo es únicamente perteneciente a esa realidad, convirtiéndola en inigualable. Pueden existir grandes similitudes, de hecho las habrá pero la certeza de como se reaccionará ante grandes niveles de presión o tensión, seguramente nunca existirá. Partiendo de esta premisa de individualidad, la responsabilidad de los hechos que puedan suceder en el camino a la estabilización no pueden ser delegada, solo asumida y sin duda, conscientemente entendida para mejorar paulatinamente la capacidad de solucionar.

 

[icon name=”certificate” class=”” unprefixed_class=””] La coherencia al actuar

Las reacciones instintivas, casi reflejas llamadas así en estas letras por la rapidez y la presión con que aparecen, generalmente podrán ser más o menos asertivas en función a lo parecidas que sean a nuestra postura ante la vida, es decir… Proporcionales a la coherencia con nuestras creencias.

De hecho, no hay mejor manera para preparar nuestras habilidades de reacción que no sea en calma, que no sea con el fortalecimiento de posiciones diarias en todas nuestras acciones.

Sin pensarlo tanto… es lógico que la sostenibilidad de nuestras posiciones en el tiempo, tendrá más fortaleza y oportunidad de permanecer siempre y cuando nuestras acciones estén soportadas por grandes niveles de autenticidad.

 

[icon name=”certificate” class=”” unprefixed_class=””] Instantes para actuar 

La reducida información que recibe mi cerebro desde la parte inferior de mi cuerpo luego de mi accidente automovilístico, compromete enormemente mis reacciones en un sin fin de condiciones. Por ejemplo, cuando navego en kayak… No son mis piernas o mi cadera quienes me alertan de cualquier inestabilidad sino mi vista o mi torso en pleno proceso de caída libre quienes me indican la urgencia de una reacción.  Mi gran amigo David Bottome me enseñó paciente y creativamente como la pala (lo que comúnmente llamamos remo) sería mi instrumento para lograr un instante de apoyo en el agua, imprescindible para transformarlo en estabilidad. Sin duda, en esos momentos de tensión se crea el campo perfecto para que afloren los temores.

Sin pensarlo tanto, sin tiempo a analizarlo… la reacción de golpear el agua y llevar la cabeza hacia el lado en que el cuerpo esta cayendo confronta el instinto natural de apartarse del lugar a donde no quieres ir. Sin embargo, esa calma o más bien… Esa tensa calma por fugaz que sea, es la que permite administrar grandes miedos y poder enfrentarlos para superarlos.

 

[icon name=”certificate” class=”” unprefixed_class=””] Algunos casos

La partida de la primera vez que atravesé el Canal de Panamá remando estaba realmente aterrado. En el puerto de Colón sabíamos que el momento cuando nuestro cayuco enfrentara la entrada de las aguas del Atlántico al Canal, el mar se revolvería a tal punto que sería muy difícil avanzar sin caer. Sin embargo, las reacciones de ese momento tan tenso, no fueron muy diferentes a las vividas con menor presión. El resultado de nuestras acciones nos permitió avanzar sin caer.

Otro dramático momento que permite visualizar lo aquí planteado lo viví al hacer apnea y profundizar algunos metros bajo el mar. Al sentir que el aire acaba, nada puede ayudar más que la calma, nunca la tensión por subir y respirar.

Más recientemente, un gran daño físico generado por mi descuido en un proceso esencial para el equilibrio de todas mis funciones, me generó elevados niveles de dolor por largas horas. La solución de ese acontecimiento, ya mi doctor la había notificado telefónicamente, sin embargo desde ese instante hasta la hora cuando se pudo efectuar el procedimiento.  Exigió elevadisimas cargas de calma, concentración y ecuanimidad para no fallar y realizar una desesperada acción (sabía perfectamente que se iba a realizar) buscando una solución.

El día que descenderíamos en rappel una cascada junto a Climbing Venezuela y mis hijos nos generó otra clara enseñanza del poder de la calma ante cualquier alarma. Sabíamos que el punto delicado sería cuando mi silla de ruedas abandonara la roca para caer en el gran y húmedo cañon. Sin embargo, no teníamos certeza de la magnitud de esa complicación y mucho menos cual sería la solución. Lo que si intuíamos es que la calma y la ponderación de toda acción nos acercaría al momento cuando superaríamos esa difícil condición.

Elevadas tensiones normalmente exigen pronta soluciones, por esa razón y sin pensarlo tanto… actuar con autenticidad nos acercará a nuestra mejor posibilidad

 

 

 

 

 

 

 

 

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