Sin acelerar el tiempo

Sin acelerar el tiempo

Una fresca tarde Caraqueña, como las que abundan durante el mes de diciembre fue el momento perfecto para que compartiéramos reflexiones, anécdotas y herramientas con un interesante grupo de alumnos de la Universidad Católica Andrés Bello en el conversatorio “Más allá del deporte“… Sin acelerar el tiempo, sin ningún contratiempo que afectase al evento… nos encontrábamos resaltando durante el refrigerio ofrecido por las organizadoras, la fortuna y el valor de todo lo compartido pocos minutos antes en el Centro Cultural Guillermo Plaza.

La contagiante satisfacción mutó abruptamente a la más escalofriante preocupación por el accidente que sufrí en los sanitarios de la edificación. Instantes de gran conmoción, de mucha confusión que tiñeron de rojo el perfecto blanco de la sala sanitaria donde me encontraba. Al salir, rodé rápidamente hacia mi hermano de aventuras Gerhard Weil  y lo alerté  “Pana… me he hecho un terrible daño internamente. No estoy seguro de mi estado, por favor evalúame para que tomemos una decisión“

Independientemente de la razón… Si no le dediqué el tiempo adecuado a la acción que lo ameritaba ¿Habrá sido un accidente? o más bien… ¿Un innecesario y lamentable  incidente?

[icon name=”certificate” class=”” unprefixed_class=””] Al estar siempre atentos…

Los eventos accidentales son sucesos no planeados que generan daño a una persona, un objeto o cualquier elemento que se vea afectado negativamente.

Nuestra mente es quien orienta todas nuestras herramientas, en todas nuestras acciones.

Su capacidad es infinita, en ella siempre hay espacio para crear más, para mejorar más o simplemente para hacerlo cada vez mejor.

La naturaleza de nuestra mente al tener ese espacio ilimitado nos pone en una seductora situación donde habitualmente la obligamos a trabajar en muchos objetivos a la vez. Lo que conlleva al peligro de estar en muchos lugares y momentos al mismo tiempo.

Al acelerar el tiempo mínimo requerido para un proceso o al reducir nuestra concentración del momento presente, se generaran irremediablemente como es de suponer mayor número de errores y aumentan drásticamente las posibilidades de descuidar los pormenores.

[icon name=”certificate” class=”” unprefixed_class=””] Las paradojas de la vida

Esa fresca tarde conversaba con los estudiantes y con el resto del fabuloso panel que me acompañaba; mi gran amigo Gerhard Weil con su propuesta Zona Radical, el enérgico Francisco Ortiz de la Revista VinoGol y los inspiradores representantes de la ejemplar iniciativa privada Proyecto Alcatraz, Ana Laura y Jesús. Mi intervención giró sobre “Las vueltas que da la vida“  recorrimos algunas de mis experiencias personales. Vivencias que me han permitido descubrir y desarrollar herramientas para observar, transformar y avanzar luego de los más inimaginables obstáculos#CódigoOTA – Lo que nunca pudiese haber imaginado en ese momento era que pocas horas después de terminar el conversatorio estaría administrando mis temores, mi ansiedad y el profundo dolor que me había causado yo mismo, al acelerar el tiempo de un proceso esencial en mi vida luego de mi lesión medular, el sondeo intermitente.

Durante mis diez años de lesión, he realizado con éxito más de 15.000 veces este repetitivo y delicado procedimiento. Un proceso cotidiano, rutinario y esencial en mi vida que determina la estabilidad de todas mis funciones.

Ese día, esa fresca tarde, seguramente por una suma de errores y omisiones, no reparé en acelerar el tiempo mínimo requerido para poder orinar a través de una sonda de nelaton, ocasionándome una profunda perforación en la próstata que me llevó directamente a la sala de emergencias de un centro de salud en Caracas. Allí fui estabilizado para pasar la noche y poder entrar a cirugía a la mañana siguiente.  Fueron interminables horas siempre acompañado de un profundo dolor, nada parecido al que estamos acostumbrados a sentir. Por mi condición física, todo lo que sucede debajo del nivel de mi lesión medular compromete la sensación y el movimiento, ambos afectados rotundamente desde la ausencia absoluta hasta algunos confusos e inestables signos de reacción. Todas esas horas fui fortalecido con la calma y el amor que Angie Castillo me compartió minuto a minuto, igualmente todo el cuerpo médico brindó un trato profesional y humano que alimentó de posibilidades a las rotundas carencias que vivimos actualmente en nuestros Centros Asistenciales. Sin embargo, por situaciones administrativas debí ser trasladado por mi gran amigo Daniel Macedo, Angie Castillo y José Díaz a Valencia donde sería intervenido en quirófano al día siguiente.

Una vez en Valencia, con mi familia cerca, mis hijos, mi madre y mi compañera de toda la vida, Jetzbel Flumeri me encontraba en el Centro Hospitalario que me ha visto rodar por sus pasillos repetidas veces, la Clínica Guerra Méndez. La calma se incrementó así como el dolor, contrarrestado por las rápidas y certeras acciones de mi amigo y doctor Luis Alfredo Wadskier.

A la mañana siguiente, despertaba de la anestesia general y todavía en recuperación conversaba amigable y jocosamente con mis doctores, consultándoles si podía realizar el compromiso que tenía pautado 10 días después de mi intervención quirúrgica… Recorrer el Farallón, bucear junto a Bucearte y Julio Jerez ese legendario peñón ubicado a 25 kilómetros al norte de nuestras costas.

[icon name=”check-circle” class=”” unprefixed_class=””] Si se puede prevenir, ya no es un accidente [icon name=”check-circle” class=”” unprefixed_class=””]

Esa misma noche del día de la cirugía regresaba a mi casa acompañado de mi fabulosa madre.

Muchas reflexiones vinieron a mi mente luego de acelerar el tiempo indiscriminadamente y obligar estas inesperadas pero valoradas experiencias.

• Repetir positivamente algo, no garantiza su continuo éxito.
• El tiempo requerido es un factor que no debe ser apresuradamente disminuido.
• La ausencia de dolor no descarta la posibilidad de una gran lesión.
• Las carencias materiales son descomunales e inaceptables pero la abundancia de solidaridad es algo realmente destacable.
• La calma es la herramienta que modera la ansiedad, permitiendo la factibilidad de las soluciones.
• El amor sin restricciones es la mayor fortaleza que podemos compartir en todas las condiciones.

 

El tiempo es para observarlo, entenderlo y disfrutarlo

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