Recorrer el Farallón La Experiencia

Recorrer el Farallón La Experiencia

La distancia en tiempo y espacio que nos separan de ese momento cuando fuimos Recorrer el Farallón Centinela me permite profundizar con mayor entendimiento, en esas posibilidades que tenemos todos para superar viejas fobias, lastrantes paradigmas o recientes temores.

En mi caso,  el terror que experimentaba desde niño al rodear los cayos de Morrocoy mientras aprendía a navegar a vela con mi papá y mis hermanos en ese hermoso Parque Nacional de  la costa Falconiana en Venezuela, me ha acompañado a lo largo de muchos años durante innumerables experiencias vividas. 

Esa descontrolada emoción, se incrementaba a medida que se acercaba el momento de nuestra inédita inmersión,  a medida que iba conociendo en detalle las complicaciones que conllevaba bucear este legendario peñasco que aparece en el medio del mar, a 25 kilómetros al norte del Cabo Codera, en aguas del estado Miranda.

Fuertes corrientes, poderosas olas, filosas rocas dialogan con una fabulosa fauna y flora submarina que hacen tan atractivo como desafiante este exigente punto de buceo profundo en la costa Venezolana.

Pudiendo bucear en tantos lugares hermosos y tranquilos… ¿Por qué profundizar en este sitio que puede llegar a aterrorizar?

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Eso que oscurece un sueño

Nuestro camino al Farallón fue largo y tortuoso, para nada recto y fluido. Ahora bien, lo veo en retrospectiva y no luce muy diferente a los cotidianos desafíos que puede tener, por ejemplo cualquier universitario o cualquier joven madre de hoy en día. Pienso en lo que sería planificar el comienzo de sus estudios en una universidad, en escoger ese lugar donde estudiar y vivir, en la necesaria reparación de su cocina, o simplemente la  obtención de todos los elementos esenciales para poder para ir a trabajar mientras su hijo se va a estudiar.

La realidad es que los obstáculos y desconciertos del camino, son tan probables que practicamente se pueden asegurar. Ahora bien, luchar contra las barreras y los imprevistos acompañados de temor o miedo para continuar, tiende a oscurecer marcadamente todo lo que tenemos por hacer para poder llegar hasta donde queremos estar. Esos momentos de poca luz en los que hay que respirar profundo y sacar opciones de donde no se tienen, son excepcionalmente peligrosos y difíciles, si junto a ellos aparecen los pensamientos negativos y catastróficos que fortalecen nuestros límites.

Los numerosos tropiezos en nuestro camino a Recorrer el Farallón en ocaciones tuvieron que compartir escenario con mi recurrente fobia a navegar por detrás de las pequeñas islas, por las zonas enfrentadas a las olas y a las corrientes que viajan interminables tiempos hasta que estrellan sus espumas contras las rocas que las detienen. Ese momento, en el que estaría a unos 25 metros de profundidad con muy fuertes corrientes submarinas que posiblemente me empujarían hacia los corales o que podrían expulsarme abruptamente hacia el mar azul, oscuro y profundo. Esos instantes en los que debería fluir contra las corrientes se convirtieron en pensamientos recurrentes a estabilizar y calmar para que no me fuesen a desviar de nuestros objetivo principal… Recorrer el Farallón.

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Foto por @martingoncalvesg

 

Lo que ilumina un tropiezo

El primer punto a acotar o más bien a aclarar es la razón por la que luchamos y nos esforzamos. Ese objetivo para que nos provea de la luz que ilumine los baches oscuros a superar es indispensable que sea positivo para otros y por ende para nosotros mismos. Debe ser una meta que se mantenga solvente con nuestros principios y valores. Cuando trabajamos por objetivos de dudoso contenido y confuso propósito, es probable que la suma de tropiezos nos detenga. Por supuesto, el invertir importantes recursos en proyectos poco alentadores a nuestra conciencia, a nuestra paz interna y pensar que se pueden acabar, no parece un punto muy grave para evitar. Al contrario, cuando todo indique que debamos parar, vale la pena alejarnos un poco de la zona de acción para revisar el verdadero valor por lo que teóricamente queremos luchar.

El segundo punto a acotar es la conciencia que los tropiezos van a llegar, que los pensamientos oscuros van a bloquear nuestros caminos. Partiendo de esa claridad, podríamos administrar sentimientos de pesar y angustia sin tratar de eliminarlos sino solo, trataríamos de controlarlos… Sabiendo que como vayan llegando se irán alejando…Súbitamente. El problema radicaría si nos aferráramos a alguno de estos pensamientos negativos. Permitiéndoles que asuman la conducción de nuestras acciones. En ese instante, el pensamiento que nos llevó a cuestionarnos la factibilidad o la conveniencia de nuestra meta, dejaría de ser el causante de nuestro oscurecimiento. Sin duda alguna, quienes alimentaríamos en ese caso de emociones encontradas al avance de nuestro trayecto, seríamos nosotros mismos, autobloqueando nuestras posibilidades.

Para mí era claro, que Recorrer el Farallón iba mucho más allá que bucear un lugar de dificil acceso con posibilidades de ver grandes peces. Se trataba de confrontar las corrientes a favor y en contra de la vida para lograr un claro objetivo…

Entender que al integrar intenciones y recursos que refuercen nuestra diversidad, podremos mejorar el desempeño de las opciones menos pensables.

El hecho que no pueda usar mis piernas para nadar contra la corriente no quiere decir que no vaya a usar mi alma para integrar y motivar a unir nuestras mejores herramientas para compartir con muchos nuestras inéditas experiencias.

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Recorrer el Farallón

No solo se trató de bucear una bella y tenebrosa roca en el medio del mar sino de profundizar en los espíritus de pioneros, de descubridores, de emprendedores, de un fabuloso equipo con grandes diferencias que lo unían el mismo propósito… integrarnos, apoyarnos y complementarnos para juntos, vivir una experiencia contra viento y marea que empuje a fluir a muchos otros, en su diario vivir.

Foto por @martingoncalvesg
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Foto por @martingoncalvesg

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