Mis hijos, Sofía y Sebastián estaban muy pequeños en el momento de mi accidente, 06 y 02 años respectivamente. Es decir, poco o nada es lo que recuerdan de su padre caminando. Sin embargo, tienen plena conciencia de que existió una vida muy diferente para mí antes de lo que ellos conocen hoy en día. Siempre trabajamos en bloque como familia para adquirir las herramientas mínimas necesarias que me permitieran aprender a vivir desde esta nueva perspectiva. A esta nueva altura que me aproximaba aún mas a ellos. Su naturalidad, su vida y espontaneidad han sido mis motores y mi inspiración para avanzar cada día de mi vida, especialmente cuando tanta fortaleza interna requería, para poder avanzar sin caminar.

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